lunes, 22 de septiembre de 2014

De mudanzas, cerrajeros y parejas rotas

Donde buscar un cerrajero en Madrid que atienda las 24 horas
Cerrajeros en Madrid que lo abren todo

Es una lástima que a veces perdamos tiempo planteándonos si debemos o no tomar una decisión, cuando dicha decisión resultar ser una magnífica idea que deberíamos haber puesto en práctica varios años antes.

 Eso es justo lo que me pasó a mí con mi divorcio. Desaproveché unos valiosísimos meses de mi existencia dándole vueltas al tema y pensando si debía o no dejar a José Carlos, porque lo único cierto es que el día que al fin lo dejé, mi vida mejoró un 99,9%. Cierto que tuvo algún inconveniente e incomodidad, pero hubiera sido mucho mejor para mí si me hubiera decidido un año antes. Una las incomodidades a las que me he referido fue, por ejemplo, la mudanza. José Carlos y yo llevábamos un par de años viviendo juntos, y claro, mis pertenencias estaban en nuestra casa. Con el divorcio, tocaba sacarlo todo de allí, porque decimos que él seguiría en el piso y yo me buscaría el mío propio. Por suerte, mi amigo Eduardo tenía una empresa de mudanzas e hice bien en acordarme de él, porque bastó un porte de uno de sus camiones y un par de operarios, para que todas mis cosas estuvieran trasladas en menos de una mañana. Incordios menores a parte, en mi nueva vida de soltera ahora todo son ventajas, y como no tuvimos niños, ninguna cadena me ata a nada.

 Una de las cosas que más me gusta hacer en este momento es bailar salsa. Viviendo con José Carlos eso hubiera sido impensable. A él no le gustaba, y con sus celos, no le habría parecido nada bien que yo me apuntara sola. De hecho, viviendo con ese hombre, ir a una academia de baile me parecía impensable. Más teniendo en cuenta que hasta sentía celos de mi profesor de spinning (que estaba buenísimo, por cierto). Fue todo un hallazgo aquel día que me metí en internet buscando una academia de salsa y me salió la página de un tipo borde y desagradable, pero bastante baratito.

Decidí ir a probar. Quién me iba a decir que encontraría allí al hombre de mi vida… El profesor de salsa era un hombre viejecillo, gordichuelo y medio feo…: el tipo de chico en quien no me hubiera fijado en toda mi vida. Y sin embargo, él – Tony Plumcake- hoy es mi segundo marido. Con él he conocido el amor verdadero. Es tal mi pasión por él, que la otra noche me amenazó solapadamente con hacer lo que ya había hecho otras veces con anteriores novias acosadoras: cambiar de teléfono, domicilio, identidad y profesión, para que lo dejara tranquilo.

 ¿Y qué voy a hacer yo sin mi salsa? ¡No podría vivir sin estos bailoteos! Al menos déjame la academia, ¿no, Tony? Dice Tony que no, que la academia es suya. Y a todo esto, son las tres de la madrugada y estoy con él en el portal de mi casa esperando que llegue el cerrajero, porque he cerrado el coche con las llaves dentro (con las del coche) y ahí se ha quedado mi bolso, en el maletero, con las llaves de casa. ¿Qué cómo he podido cerrar el coche con las llaves dentro? Pues porque cerré y el maletero estaba abierto.

Solté dentro las llaves para recoger unos paquetes y luego olvidé sacarla. Y el bolso igual. Menos mal que los cerrajeros Madrid son rápidos y abren tanto cerraduras de coches como de viviendas. Ya están en camino: a ver cómo lo arreglan.

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